
Bajé de la calesa y fui escoltada hasta los aposentos del Duque. En la entrada, sin alzar la vista pude contar un total de diez hombres y franqueando la puerta principal una mujer que portaba dos grandes cuervos en sus hombros. La mujer coge mi mentón y me mira a los ojos. Era la famosa bruja del Duque. Me sonríe con maldad mientras empieza a tocarme los senos. - El Duque se lo va a pasar genial contigo. Espero que esta noche no seas su manjar para que puedas ser el mío.
Le aparto la mano de un manotazo y los hombres del Duque me cogen de los brazos, sujetándome con fuerza, mientras que uno de sus cuervos de la bruja empieza a aletear sobre mi cabeza, agarrando mi capucha e intentando picotearme la cabeza y la cara.
. - ¡Basta! No la dañéis o el Duque no nos lo perdonara. - Grita la bruja. - Alza el brazo y el cuervo se aposenta dócilmente en él. Abre la puerta y me empuja al interior.
. - Espero que sea muy doloroso tu final. Me dice con una sonrisa burlona sujeta en su boca.
Cuando cierran la puerta a mis espalda observo la estancia que está decorada con tapices y alfombras en tonos rojos, también hay un pequeño escritorio y una gran cama con dosel. Al otro lado se encuentra una chimenea, donde las llamas anaranjadas chispean juguetonas. Me acerco hasta ella, mientras me quito la capa. Encima de la chimenea, un gran espejo me refleja e intento con los dedos colocarme el pelo desmarañado por el pajarraco. Me siento a esperar en la alfombra y observo las llamas de la chimenea, cuando de pronto noto una presencia detrás mía. Intento girarme pero no me deja el brazo que rodea mi cuello y posa encima de mi corazón. Con la otra mano aparta mi pelo y me besa el cuello. Cierro los ojos.
. - ¿Quieres una copa? - Me susurra el Duque.
. - Sí, le digo esperando poder girarme para poder observar a aquel hombre tan cruel.
Es un hombre de compresión fuerte, pelo largo, oscuro y una barba que deja entrever unas facciones serenas. Sirve dos copas de coñac y se acerca mirándome a los ojos, puedo ver como sus ojos verdes resaltan con un brillo especial. Se acerca a mí, me ofrece su mano para ayudárme a levantar del suelo y me entrega la copa. De un trago me la bebo. El duque me mira sorprendido, se ríe y se bebe su copa también de un trago. Coge mi copa y tira las dos contra la pared, haciéndo de ellas, miles de cristalitos centelleantes por el reflejo del fuego que alberga la chimenea. Me coge de las manos, me acerca a la cama y delicadamente me tumba. Despacio se acerca a mi y empieza a besarme las mejillas y la frente. Me mira mientras pasa su mano por mi pelo, lo levanta cierra los ojos y lo huele. - Me gusta tu olor. Me susurra en el oido, mientras que a mí me recorre un escalofrío por todo el cuerpo.
Empieza a besarme el cuello, bajando despacio sus manos por mis caderas. Yo le dejo, necesito que se acelere más. Así que cojo sus manos para que me acaricie los pechos y beso su boca, terminando en un mordisco en su labio inferior, provocándole una pequeña herida en su labio. Cada vez el jadeo era más fuerte y empiezo a escuchar dentro de su pecho unos gruñidos. Le tumbo en la cama y me pongo encima, sus ojos brillan cada vez más, son casi hipnóticos hasta el punto que me podría dejar llevar por una locura. Empiezo a desabrochar la camisa y con cuidado me acerco a su pecho y le empiezo a morder. Él me coge de las caderas, que cada vez están apretándole más sus muslos. Aparto el contacto visual cuando empiezo a ver que empieza la transformación de hombre a lobo. Me separo de él y con ligereza me transformo yo en la Capitana Dark, quitándome las flores del pelo, el carmín y aquel incomodo vestido que me asfixiaba. Sin quitarle el ojo al hombre lobo me tomo un trago de la botella de coñac y veo la transformación completa hasta que al final me encuentro mirando a un lobo negro que gruñe mostrando sus colmillos. En sus ojos marrones, es donde se queda instalado lo que ya no es, un hombre. Salta de la cama y se acerca hasta mí, le enseño los dientes y con un gran impulso salta sobre mí. Su fuerza hace que los dos caigamos al suelo y él que se encuentra encima mía consigue clavarme las uñas en el costado, con todas mis fuerzas sujeto su cuello antes de que me pueda propinar un mordisco y con la otra mano consigo acercar una pistola a su cuello y sin pensarmelo le disparo el chip de adiestramiento a mi voz. Al segundo, le grito. - ¡Quieto Duque!
El lobo se separa de mi y se queda quieto. - ¡Sit! Duque se sienta sobre sus patas. Miro la pistola y sonrió mientras beso el arma que me he traído del futuro. ¿Qué pasada?
Me acerco al lobo, me agacho y le acaricio. - Eres precioso. Es una pena que no pueda llevarte conmigo Duque.
Saco de mi bolsillo la lágrima estacional y poco a poco me convierto en la mujer invisible. Abro la puerta y cruzo por delante de la guardia del Duque que miran atónitos al lobo que está en el interior sentado mansamente. La bruja con sus cuervos se acerca a él y mira el interior de la habitación.
Yo desde fuera, doy una orden alta y clara. - ¡Ataca!
El lobo empieza a devorar a la bruja y a los hombres que con sus armas empiezan a maltratarlo hasta terminar con él. Al morir el lobo, poco a poco delante de los hombres supervivientes, se fue convirtiendo en el Duque. Yo empecé a correr por los pasillos, pasando por toda la guardia del Duque sin ningún tipo de peligro. En la salida sur estaba mi fiel amigo que tampoco me veía. Acaricio su mano y él sabe que soy yo. Me sube al caballo y me agarra fuerte, mientras poco a poco la luz del sol se empieza a ver en el horizonte y mi cuerpo empieza a pasar de transparente a visible.
Corsario mira mis arañazos y me besa con mimo la nuca. - Cuando lleguemos al barco te curo.
Cogimos el gusano del tiempo por los pelos que nos absorbió como un tornado, llevándonos de vuelta. En este viaje, desnuda y abrazada a Corsario, pude ver fragmentos del futuro. Al subir al barco, en mi camarote, Corsario me miro a los ojos y me dijo. - Te brillan los ojos de una forma especial.
. - ¿Has visto el futuro Corsario? le pregunto suspicaz.
. -Sí, me dice intentando no mirarme a los ojos.
Me pongo delante de él y miro sus ojos. - A partir de hoy cuando haya luna llena me iré del barco.
.- Vale mi Capitana. - Abrazo a Corsario y huelo su piel, por primera vez en mi vida me parece exquisito su olor.















Las lágrimas las guardaré en un bolsillo de mi chaqueta. Me las iré comiendo poco a poco como si fueran caramelos de menta para que en mi paladar quede un buen sabor.

































